Morderse las uñas y sus consecuencias en la salud dental

El hábito compulsivo de comerse las uñas, también conocido como onicofagia, no sólo es un problema estético y puede tener consecuencias graves tanto para la salud general como para la bucodental: problemas estomacales, en los dedos, en la boca…

Pero, ¿por qué nos mordemos las uñas?  Muchas veces responde a un acto inconsciente, pero puede ir más allá y relacionarse con un problema de índole emocional.

El mordisqueo constante de las uñas puede dañar el lecho ungueal y la raíz de las uñas y, además, puede provocar complicaciones, como la aparición de verrugas periungueales y de padrastros, las infecciones en los labios, la deformación de los dedos o el riesgo contante a la pérdida completa de la uña.

Problemas en la salud bucodental

Este hábito desgasta el esmalte además de causar microtraumatismos que fracturan y astillan los dientes, que sufren desgaste prematuro sobre todo en los incisivos centrales superiores y que, a largo plazo, puede traer consigo la aparición de sensibilidad dental además de la afección temporomandibular.

Además, los microtraumatismos sobre las mucosas labiales causados por el mordisqueo y la gran cantidad de bacterias que existen debajo de las uñas aumentan la incidencia de infecciones (herpes labiales, rágades bucales, aftosis, etc.). Si a ello le sumamos una escasa o mala higiene bucodental y otros factores de riesgo como el tabaco o el alcohol, las posibilidades de sufrir una enfermedad periodontal o halitosis de incrementa.

¿Cómo evitarlo?

En primer lugar es imprescindible tomar conciencia de todas esas consecuencias que el hábito de morderse las uñas conlleva. Además, puede ser muy útil llevar a cabo una serie de pautas como son pintarse las uñas con esmalte amargo o técnicas de modificación de conducta en el caso de que el problema tenga un origen fundamentalmente psicológico.

 

La limpieza lingual. ¿Le damos la importancia que se merece?

Nuestra boca constituye un verdadero paraíso para las bacterias. Sus condiciones dadas por la humedad, la temperatura y los restos de comida propician la aparición de virus, parásitos, hongos y bacterias. De ahí la importancia de una propicia limpieza lingual.

Se calcula que en cada mililitro de saliva se encuentran nos 100 millones de microorganismos de más de 600 especies diferentes, formando una flora microbiana cuya descompensación puede causar la aparición de enfermedades.

Cuando estos microorganismos se instalan en la parte posterior dorsal de la lengua y en los surcos o bolsas periodontales pueden dar lugar a la halitosis, ese olor desagradable del aliento que tan grave repercusión social causa. Se trata de un problema que afecta a 3 de cada 10 adultos en alguna etapa de su vida y con un origen oral en el 90% de los casos.

Distinguimos tres tipos de halitosis o mal aliento:

  • La halitofobia, que consiste en un miedo excesivo a padecer mal aliento, conviertiéndose en una obsesión que condiciona la vida de las personas que la padecen.
  • La pseuohalitosis, cuando una persona está convencida de que su aliento huele mal sin ser verdad.
  • Por último, la halitosis verdadera o genuina, que es cuando el mal aliento está realmente latente y puede medirse de forma objetiva.

Una adecuada higiene bucodental, evitar el consumo de tabaco y alcohol, no permanecer largas horas en ayunas, incrementar el consumo de verduras crudas y realizarse una limpieza bucal profesional cada seis meses reducirán en gran medida el número de bacterias causantes del mal aliento y evitarán al mismo tiempo la aparición de otras patologías.

Además del cepillado dental diario, no debemos olvidarnos de la limpieza de los espacios interdentales ayudándonos de la seda dental o de cepillos interproximales y, por supuesto, de la limpieza de la lengua, para la que podemos utilizar un raspador, arrastrador o limpiador lingual.

Pala la correcta limpieza de nuestra lengua también podemos servirnos de colutorios que combinen antisépticos de clorhexidina y cloruro de cetilpiridinio. La higiene de nuestra lengua es tan importante porque es una de las zonas en la que más microorganismos se instalan, dada su extensión y su anatomía irregular.

El cepillado y raspado de nuestra lengua además de eliminar un porcentaje importante de bacterias, contribuirán a agudizar nuestro sentido del gusto.

Manteniendo unos buenos hábitos de higiene bucodental sin olvidarnos de la limpieza lingual y visitando periódicamente a nuestro odontólogo prevendremos la halitosis y diversas enfermedades cuya principal causa es una deficiente higiene.

Celiaquía y salud bucodental. ¿Una relación más estrecha de lo que pensabas?

La enfermedad celíaca o celiaquía, también conocida como la intolerancia crónica a la ingesta de gluten, es una afección autoinmune que impide la adecuada digestión de una proteína que se encuentra en la gran mayoría de cereales que consumimos en nuestra dieta , que a pesar de que principalmente afecta a nuestra digestión, también lo hace a nuestra salud bucodental.

El problema que abordamos en estas líneas es un asunto del que apenas se habla, y sin embargo, muy común. Se trata de una situación que puede ayudar en gran medida a diagnosticar de una forma precoz la enfermedad celíaca en los niños, debido a que si aparecen ciertos síntomas, puede que estén relacionados con esta enfermedad.

El retraso en la erupción dental, el cambio del color blanquecino de las piezas dentales al amarillento, el esmalte áspero, las inflamaciones en la mucosa bucal o la aparición de afta de manera frecuente, son síntomas que pueden indicarnos la necesidad de acudir a un especialista.

Las afecciones en las piezas dentales suelen ser más comunes en los molares y los primeros incisivos, ya que se trata de piezas que se forma y calcifican durante la etapa de crecimiento del niño. Un dato alarmante es que hasta en el 71% de las personas celíacas se da esta afección bucodental. No obstante, estos problemas no tienen por qué aumentar el riesgo normal de padecer caries si se mantiene una higiene bucodental adecuada.

Por todo lo expuesto anteriormente, las personas que padecen la enfermedad celíaca tienen que prestar una especial atención a su salud bucal, pues se ha comprobado que este problema digestivo provoca una mala absorción del calcio, desembocando en esos frecuentes defectos en la estructura de las piezas dentales.

Cabe mencionar que una persona celíaca puede disfrutar una vida totalmente normal y una correcta salud bucodental siempre que siga los consejos y recomendaciones de su odontólogo.

No olvides que la máxima para prevenir cualquier problema de salud es la prevención, así como la detección de forma precoz. Una adecuada higiene bucodental, un estilo de vida saludable y las visitas periódicas a tu dentista, contribuirán al adecuado mantenimiento de tu salud bucodental, seas celíaco o no.

Cuando los dientes duelen. ¿Cómo actuar ante la sensibilidad dental?

El calor de una infusión o el frío de un helado pueden convertirse en un calvario cuando padecemos sensibilidad dental, un síndrome cuya afectación se sitúa entre el 25 y el 30% de la población adulta.

La sensibilidad dental no solo genera molestias a comer o beber productos a determinadas temperaturas, sino que puede conducirnos a otros problemas bucales al dificultarnos la realización de una higiene bucodental adecuada, tales como la gingivitis o la caries.

Es cuando la dentina pierde la protección del esmalte cuando los túbulos transmiten de manera más sencilla a los nervios del interior del diente estímulos externos como la acidez de determinados alimentos o bebidas o los cambios bruscos de temperatura, provocando esa dolorosa sensación en los dientes.

Pero, ¿por qué aparece la sensibilidad dental?

Entre sus muchas causas, las más habituales son la caries, el esmalte dental desgastado, los dientes partidos y las enfermedades periodontales como la gingivitis o la periodontitis; que acaban por exponer la raíz de la pieza dental.

Cuando sintamos que nuestros dientes se vuelven sensibles de una manera más o menos continuada debemos acudir a nuestro dentista para que este determine la causa de este síndrome y podamos empezar un tratamiento que solucione nuestro problema.

Existen tratamientos no invasivos a través de pastas dentífricas específicas que ayudan a bloquear la transmisión de estímulos desde la superficie de la pieza dental, así como geles fluorados que ayudan a fortalecer la dentina y el esmalte.

Por otro lado, si nuestra sensibilidad dental tiene su origen en enfermedades como la caries o por defectos en la superficie de la pieza dental, se deberá recurrir al empaste o la corona dental.

Asimismo, si nuestro problema se debe a problemas en las raíces de las encías como la pérdida de tejido, nuestro odontólogo optará por el injerto en la encía a través de cirugía o en casos más extremos, por practicar una endodoncia.

La higiene bucodental, como siempre, cobra especial relevancia en este aspecto, ya que constituye una gran arma de prevención, así como evitar la ingesta excesiva de ácidos que desgasten el esmalte y la dentina.

La formación de la caries

caries

La caries es una enfermedad infecciosa causada por diversos factores, como la proliferación de bacterias en nuestra cavidad oral, las dietas ricas en azúcares, la segregación de saliva o incluso la predisposición genética.

El proceso de formación de la caries se puede dividir en distintas etapas en las que colaboran variados factores biológicos:

  • Los azúcares en la dieta: las transformaciones bioquímicas son las causantes de que la alta concentración de azúcares se metabolice por los microorganismos del interior de la boca. Este suceso tiene como consecuencia la fabricación de ácidos que provocan la bajada del pH, convirtiendo la cavidad oral en un medio ácido.
  • La formación del biofilm dental: tras unas horas después del cepillado, las bacterias que quedan comienzan a colonizar nuevamente la superficie dental. Este conjunto de bacterias se alimenta de nutrientes de la saliva, de células descamadas, fluido gingival o diferentes componentes de la sangre que causan la formación del biofilm. Además, los alimentos ricos en carbohidratos fermentables cariogénicos como la pasta o la patata contribuyen a la formación del biofilm dental debido a su gran contenido de azúcar.
  • La desmineralización: la exposición prolongada en el tiempo de las piezas dentales a los ácidos generados causará la disolución del esmalte, así como la pérdida de minerales y, al cabo del tiempo, es posible que provoque también la aparición de manchas opacas de color blanco por la descalcificación. Así, en la superficie debilitada del esmalte podrán formarse surcos y grietas que propiciarán la entrada de numerosas bacterias y la proliferación de más cantidad de placa. Este proceso de desmineralización puede ser reversible en las primeras fases. Sin embargo, un ataque más duro de estos ácidos conducirá a una mayor destrucción del esmalte dental y a la creación de una hendidura en la superficie de la pieza dental que podría llegar a la dentina, hasta finalmente, llegar incluso a la pulpa.

Recuerda que para evitar la formación de la caries es muy importante llevar un estilo de vida saludable, no abusar de alimentos ricos en azúcares o del alcohol y prestar la atención que merece a la higiene bucodental. Asimismo, no olvides visitar a tu dentista regularmente para que éste pueda determinar el estado de tu salud bucodental.